Atavis et Armis

Restauración, supervivencia y patriarcado. Capítulo 7.

Luis XVIII abandonó el Magisterio de la Orden, tomando el título de Protector. Un Consejo de Oficiales gobernó la Religión, a falta de un Gran Maestre nombrado por el Rey. En 1830, un estallido revolucionario puso fin al reinado de Carlos X, y en su lugar se entronizó la Casa de Orleans, en la persona de Luis Felipe I, Rey de los franceses, quien convirtió a la Legión de Honor de Bonaparte en la única orden nacional francesa.

La Religión de la cruz verde, como no podía ser de otra manera, se alineó en el bando de la Monarquía legítima, y levantó armas por el conde de Chambord, Enrique V, Gran Maestre de iure de nuestra Orden. Pero todo fue inútil y la Orden se resignó a volver a constituirse independiente del poder real, como en sus orígenes, ya que todo pacto con la Monarquía de Luis Felipe hubiera sido una traición flagrante a su gloriosa Historia.

El conde de Chambord y sus sucesores, pretendientes legítimos al trono francés, no reivindicaron jamás el magisterio de San Lázaro, comprendiendo que su legitimidad no pertenecía al Patrimonio Ecuestre de los Reyes de Francia, sino a sus propios caballeros.

La protección del Patriarca de Antioquía, de Jerusalén y de Alejandría

A principios del siglo XVIII la Iglesia de Antioquía, estaba dividida entre los partidarios de Roma, asentados en Damasco y los seguidores de la tradición oriental, cuya sede se originó en la ciudad rival de Alepo. En 1729 el Papa Benedicto XIII reconoció a Cirilo, proclamado por el partido pro-católico, como auténtico Patriarca. De esta forma, se formalizó un cisma que perdura hasta nuestros días, y el segmento católico de la iglesia siríaca fue conocido como Iglesia Melquita Greco-Católica.

En 1838, Roma reconoció al Patriarca los títulos de Patriarca de Antioquía, de Jerusalén y de Alejandría y de todo el Este. Es en este contexto donde los lazaristas encuentran protección religiosa, dado que a falta del favor real, no pueden volver sus ojos a Roma.

Cuando en 1841, los caballeros lazaristas persuadieron al Patriarca Máximos III Mazloum que aceptara el protectorado espiritual de la orden, el Patriarca asumió en la práctica, las funciones del Gran Magisterio. En 1850, ingresaron en la Religión, que contaba en ese momento con unos catorce caballeros supervivientes, alrededor de unos veinte neófitos.

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