Historia

La lepra a través del testimonio documental de la biblia

 En el Antiguo Testamento la enfermedad llamada «lepra» fue considerada más bien como castigo del Señor. En el Nuevo, la lepra se utilizó para justificar los milagros de Jesús, quien curó a numerosos enfermos del mal conocido con ese nombre.

La enfermedad de Hansen es bien conocida desde la antigüedad. Su fama de incurable causaba tal terror que la sanación se celebraba como un auténtico milagro.

Aunque se ha hablado de ella en la Biblia, no siempre se puede afirmar con certeza si aquello que se menciona corresponde fielmente a la lepra. La enfermedad que en aquellas épocas se calificaba como «lepra» se correspondía con cualquier manifestación dermatológica, quizás sarna, piodermitis, soriasis y hasta vitíligo, ya que carecía del signo más distintivo de la lepra.

Uno de los mayores síntomas de la Hanseniasis es la anestesia, la pérdida de la sensibilidad, o en el mejor de los casos a la presencia de nódulos, tubérculos o retracciones tendinosas, mano en garra, etc. Sin embargo, se ha señalado como lepra casos de llagas o úlceras difusas, manchas blancas en el cuerpo pero que se asocian con cabellos también despigmentados lo cual da una evidencia clara de que se estaba hablando de vitíligo.

Si bien la lepra es mencionada frecuentemente en los libros del Antiguo Testamento, no hay evidencia precisa que todas las enfermedades de la piel mencionadas hayan correspondido a dicha enfermedad.

Antiguo Testamento

El Levítico es el que nos da más precisiones o donde se menciona más la lepra. El libro comprende parte del código legislativo entregado por Jehová a su pueblo a través de Moisés. Describe principalmente los cometidos sacerdotales, pero también registra decretos sanitarios.

Se dedicó un capítulo entero a la enfermedad: «Y habló el Señor a Moisés y Aaron diciendo…»; y en el texto había instrucciones sobre la enfermedad de Hansen entre las que se anotaba: «el hombre en cuya piel apareciera color extraño o postema o especie de mancha reluciente…». Hay que resaltar que no se menciona la anestesia, síntoma fundamental que se detecta fácilmente, y además se agrega: «el cual, si viere lepra en la piel con el vello mudado en color blanco», síntoma importante del vitíligo.

Queda constatado que el sacerdote adoptaba un papel de inspector de sanidad y promovía la salud tanto física como espiritual del pueblo. Las indicaciones del Señor aconsejaban que el presunto enfermo fuera puesto a disposición del Sacerdote quien lo examinaría dos veces cada siete días para observar la evolución, y si las manchas persistían con el carácter de «hundidas o deprimidas» el individuo sería declarado leproso y sometido al régimen draconiano destinado a «los inmundos».

Por otro lado, en las mismas instrucciones se hace saber que «el hombre o la mujer en cuyo cutis aparecen manchas blancas y si esto tiende a oscurecerse sepa que no es lepra sino ciertas manchas de color blanquecino y que la persona está limpia». Lo cual demuestra, que si bien se hacían diagnósticos erróneos de lepra, también se tenía cuidado de establecer cierto grado de diagnóstico diferencial. Termina con la afirmación de que: «esta es la ley acerca de toda especie de lepra y de llaga que degenera en lepra».

Los hallazgos obtenidos mediante el estudio sanitario de los capítulos 13 y 14 del libro de Levítico destacan la utilidad de las medidas descritas para controlar la expansión de las enfermedades transmisibles, presentándose la cuarentena como la solución más óptima para promocionar el bienestar y la salud de la comunidad en aquel período, así como la consideración de la higiene como eje fundamental en este ámbito.

De manera reiterada aparece la lepra también como castigo divino en las Sagradas Escrituras , pero sin mayores detalles en relación a la sintomatología. Tenemos el ejemplo en la historia de María, mujer de Aaron, castigada por haber hablado mal de Moisés que se había casado con una mujer de tez oscura. En esas condiciones María se vio cubierta de «lepra blanca como la nieve y fue echada del pueblo durante siete días» y sanó gracias a la intercesión de Moisés.

El libro IV de Los Reyes relata que Eliseo, heredero del profeta Elías curó a Naaman Siro que era General de los ejércitos de Siria y un hombre de gran consideración, y también curó a Gizei el criado infiel que había cometido impostura. En este libro nuevamente se vuelve a mencionar la enfermedad como condena.

En Crónicas 26 se menciona la lepra en la siguiente forma: «Uzias u Ozias, descendiente de Salomón, tuvo ira contra los Sacerdotes y le brotó la lepra en su frente y al mirarlo el sumo Sacerdote vio la lepra en su frente y así el rey Uzias fue leproso hasta su muerte, lo sepultaron con sus padres en el campo de los sepulcros Reales, pero fuera de ellos porque dijeron: ‘leproso es‘».

El nombre «Mal de San Lázaro» está mal aplicado pues Lázaro, hermano de Marta y María, no fue leproso. El leproso fue el mendigo que comía las migajas del rico Epulón y era contemporáneo, probablemente, de San Lázaro.

Nuevo Testamento

Evangelio Lucas

Las menciones a la lepra en el Nuevo Testamento son más bien testimoniales de los milagros efectuados por Jesucristo en sus años de peregrinaje , pero sin describir lo síntomas de la enfermedad.

Un ejemplo es el Evangelio de San Mateo, en el que se menciona uno de ellos: «Habiendo bajado Jesús del monte le fue siguiendo una gran muchedumbre de gentes y en esto viniendo a él un leproso lo adoraba diciendo: “Señor, si tú quieres puedes limpiarme”, y Jesús extendiendo la mano le dijo: “Quiero, queda limpio”, y al instante quedó curado de su lepra».

El Evangelio de San Lucas aporta abundantes noticias sobre la lepra. Menciona por ejemplo la parábola del rico Epulón en cuya mesa o cerca de ella había un mendigo llamado Lázaro que era leproso. Cuando ambos murieron el rico fue al infierno y el pobre al cielo al lado del Señor. De aquí nació el error de llamar a la enfermedad «Mal de San Lázaro», pues por la misma época se realiza el milagro de la resurrección de Lázaro, el hermano de Marta y María y que posteriormente fue santo, pero no leproso.

En este Evangelio de San Lucas también se menciona a diez leprosos encontrados por Jesús caminando por tierras de Samaria y Galilea y a quienes también curó a través del poder de la fe. A pesar de sanar todos ellos, sólo uno volvió a Jesús para mostrar gratitud. El propio Jesús manifestó extrañado: “¿No quedaron limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están?” .

Bibliografía:

Neyra Ramírez, J. (2018) “La Lepra en la Biblia”  Atavis et Armis Nº 14

Fernández-Vázquez, A. (2016). “Historia de la profilaxis ante las enfermedades contagiosas. Medidas preventivas descritas en el Levítico”. Cultura de los Cuidados. Revista de enfermería y humanidades (Edición digital), 20( 46). Disponible en:<http://dx.doi.org/10.14198/cuid.2016.46.05>

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