Historia

Las Scholae Palatinae de Constantino, referente de la Caballería

Constantino I ha pasado a la historia como el primer emperador romano que autorizó el culto cristiano. Según cuenta la tradición, al Emperador Constantino «El Grande», antes del inicio de la batalla contra Majencio en puente Milvio en el año 312 dC, se le apareció una  gran cruz en el cielo con el lema «In Hoc Signo Vinces» , “Con este signo vencerás”.

Tras esta visión, Constantino modificó el estandarte imperial —el Lábaro— para marchar a la batalla bajo el signo cristiano del crismón o monograma de Cristo.

crismón

A partir de este momento, se eligió para la guardia de este estandarte imperial a diez hombres, la flor y nata de sus tropas, a quienes llamó præpositi labarorum, los cuales estaban encargados de llevarlo en comitiva en todos aquellos actos en los que el Emperador se presentaba con toda la pompa imperial.

Cuando Constantino venció en puente Milvio, se convertió en la máxima autoridad de los territorios occidentales del Imperio. Tras ello, dio libertad de culto al cristianismo, junto con todas las demás religiones en el Imperio romano con el Edicto de Milán en el año 313.

Icono donde aparece Constantino presidiendo el Primer Concilio de Nicea (325)

En el plano militar, Constantino disolvió la guardia pretoriana. En concreto suprimio los equites singulares Augusti , guardia montada imperial, y en su lugar estableció las Scholae Palatinae, un cuerpo de Caballería de élite.  

Para algunos divulgadores de historia tiene sentido la leyenda de que esta Caballería Constantiniana fue la primera Orden militar de la historia, sin embargo, no fue hasta el año 1550 cuando el Papa Julio III la reconoció como Sacra y Militar Orden Constantiniana de San Jorge que hoy en día sigue dedicada a promover la libertad religiosa en territorios de conflicto.

Las Órdenes de Caballería y las Órdenes Militares

La principal característica de la Órdenes Militares fue la combinación de dos modos de vida, la militar y la religiosa. Nacieron precisamente para la lucha contra los moros y en defensa de la Cristiandad, actuando en la Reconquista, en el mantenimiento del orden y protección de los desvalidos y peregrinos a los Santos Lugares y en todo tipo de Cruzadas. Era la conjunción de la vida monástica cristiana y el ideario de la Caballería sujeto a rígidas normas morales.

Las Órdenes debían constituirse con la autorización expresa del Papa, además del permiso Real, como órdenes religiosas que eran y en casi todas se conjugaron dos clases de miembros, los monjes que hacían vida conventual y los caballeros, mayoritarios, que, sin perjuicio de estar sujetos también a sus votos u otros deberes religiosos, se dedicaban principalmente a la defensa de la religión con las armas. Todos ellos eran denominados «Freires», a diferencia de las órdenes exclusivamente religiosas que eran «frailes», y todos llevaban la insignia de la Orden, normalmente una Cruz, en su capa o manto.

Debido a la falta de fuentes documentales que atestigüen los inicios, los orígenes son bastante inciertos, como es el caso de la Orden de San Lázaro de Jerusalén cuyos comienzos se remontan según algunos autores al año 370, cuando San Basilio Magno se proclamó maestre de un hospital para leprosos, puesto bajo la advocación de San Lázaro, junto a su monasterio de Cesarea en Capadocia.

Hay un debate constante sobre la fecha que ha de tenerse en cuenta como la de creación de una Orden: la de su organización como grupo de Caballeros, la de su juramento, la de su entrada en lucha, la de su aprobación por el Papa o la de la aprobación de sus Ordenanzas, Constituciones o Estatutos.

Las primeras Órdenes de Caballería surgieron en el siglo XI como la Orden de la Jarra en el Reino de Navarra y la del Santo Sepulcro en Jerusalén y Roma. Posteriormente y a lo largo de todos los siglos siguientes, irán surgiendo muchas otras, entre las que destacan: la Soberana Orden Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta (1104), la Orden del Temple (1118), la Orden de Calatrava (1158), la Orden de Santiago (1158), la Orden de Alcántara (1176), la Orden Teutónica (1198), la Orden de Montesa (1317), la Orden de la Jarretera (1348), la Orden del Toisón de Oro (1429), la Orden Constatiniana de San Jorge (1550), la Orden de San Luís (1693), la Real y muy Distinguida Orden de Carlos III (1771), la Real y Militar Orden de San Fernando (1811), la Real y Militar Orden de San Hermenegildo (1814), la Orden Real y Americana de Isabel la Católica (1815).

Las Órdenes militares en España

El declinar de las Órdenes Militares españolas se inició con los Reyes Católicos por dos motivos fundamentalmente. El primero fue la expulsión definitiva de los moros de España, lo que dejaba a las Órdenes sin el motivo que justificó su creación. El segundo estuvo en el empeño que pusieron los Reyes Católicos en hacerse con el mando de las Órdenes, quitándoles protagonismo y poder.

El poder de las Órdenes Militares llegó a ser enorme, teniendo bajo su mando y jurisdicción numerosas tierras, villas, castillos y fortalezas. Sus servicios en campaña, como ejército organizado, eran inestimables por lo que los reyes no sólo no se atrevían a enfrentarse a sus Maestres, sino que los cubrían de riquezas.

Los Reyes Católicos no estaban dispuestos a tolerar que una vez conseguida la unificación de todas las tierras de España existieran esos «estados» dentro del que ellos gobernaban así que, con gran habilidad política, al ir desapareciendo los Grandes Maestres de las Órdenes, fueron incorporando los Maestrazgos de cada una de ellas a la Corona, pasando todos sus bienes a la misma.

Para el gobierno de todas estas órdenes crearon los Reyes Católicos, en el año 1489, el Consejo de las Órdenes. Este Consejo llegó a tener su sede en el Palacio Real hasta que en 1717 fue trasladado, junto con otros Consejos, al Palacio del Duque de Uceda, llamado desde entonces «Palacio de los Consejos», actualmente ocupado por el Consejo de Estado y hasta hace poco tiempo por la Capitanía General de Madrid, actualmente Primera Subinspección General del Ejército, en la calle Mayor de Madrid.

En 1809 José Bonaparte decretó la disolución del Consejo de las Órdenes y la desamortización de sus bienes, y en marzo de 1873 la Primera República disolvió las Órdenes Militares, que fueron restablecidas nuevamente en abril de 1874. En abril de 1931, el gobierno de la Segunda República acordó también dicha disolución, pero permitiendo que se constituyeran como asociaciones.

Las Reales y Militares Órdenes

Desde la Baja Edad Media todo título, honor y preeminencia, en definitiva, toda recompensa, tenía como origen la Corona. Dichos honores premiales estaban reservados a la Nobleza. En la cúspide de los honores se encontraba la concesión de la Grandeza de España y los Títulos Nobiliarios.

Sin embargo, era la concesión de un hábito de las Órdenes Militares españolas la que premiaba los méritos y servicios de la nobleza mediana con el carácter de una verdadera condecoración. Con el tiempo y debido a esta «tradición», para el ingreso a cualquiera de las Órdenes era condición indispensable presentar pruebas nobiliarias severas.

Las Reales y Militares Órdenes, únicas que como tales existen actualmente en España, son las de San Fernando (1811) y la de San Hermenegildo (1814). Fueron las primeras condecoraciones de «mérito» que se crearon, es decir, eran para todo aquél que las mereciese, sin atender a razones de nobleza o clase social, ni siquiera de graduación.

Orden de San Fernando

La primera premia el valor militar y la segunda la constancia en el servicio. La creación de estas Reales y Militares Órdenes produjo un lento cambio en el sistema premial español; las distinciones de Grandeza y Títulos Nobiliarios se perpetuarían, pero algunas de las viejas Órdenes irían suprimiendo el requisito de la nobleza de sangre.

San Hermenegildo

La Real y Militar Orden de San Fernando se creó con cinco clases de Cruces para premiar el valor heroico y el muy distinguido, manteniéndose así hasta 1918 en que se suprimieron de la misma las recompensas a las acciones muy distinguidas, por haberse creado a su vez la Medalla Militar, que sustituía a las suprimidas Cruces de San Fernando de 1ª y 3ª Clase (5º Reglamento). En el año 2001 se aprobó el 8º Reglamento de la Orden, en el que se vuelve a dar cabida a las recompensas al valor muy distinguido, ingresando por tanto en la misma los Caballeros Medallas Militares.

La propuesta inicial para recompensar la constancia en el servicio y la intachable conducta, fue la de premiar estas circunstancias con la Orden de San Fernando. No prosperó, pero provocó la creación de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo y en enero de 1815 se aprobó un reglamento único, conjunto para ambas órdenes. El segundo reglamento, también conjunto, tenía articulado propio para cada Orden y desde el tercero cada Orden tiene su Reglamento específico y en fechas distintas.

En la actualidad la Real y Militar Orden de San Fernando mantiene como condecoraciones, la Gran Cruz Laureada, la Cruz Laureada, la Cruz Laureada Colectiva, la Medalla Militar y la Medalla Militar Colectiva. Dada las características de concesión de estas condecoraciones, no se producen ingresos en la Orden desde hace muchos años. El último laureado vivo a título individual falleció el 9 de noviembre de 2007 por lo que se admitió el ingreso en la misma de los Caballeros del Mérito Militar para evitar su desaparición.

El Soberano tanto de Orden de San Fernando como la de San Hermenegildo es el Rey de España, que preside el capítulo bienal que se celebra en el Real Monasterio de El Escorial. Su representante en ambas Órdenes es el Gran Maestre, que la gobierna auxiliado por la Maestranza.

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